Agua

Ya llevaba mucho tiempo sin poner nada por aquí, creo que ya era hora de retomar un poquito esto de las letras. Espero que os guste o al menos os entretenga:

 AGUA

Inhalo fuerte, por la boca bien abierta, y el frío parece cristalizar mi garganta. No es culpa del tiempo, mis cuerdas vocales estaban ya paralizadas por ovillos de cosas que no se han dicho. Son nudos que aprietan fuerte y se retuercen por la rabia de no poder salir. Son como serpientes, muchas veces venenosas, que te pican por dentro y si no encuentras el antídoto, pueden estar envenenándote durante mucho tiempo.

De pronto, la bruma de agua que compone mis lágrimas empieza a caer sobre mis mejillas y mi garganta, aturdiendo a esos seres venenosos que antes asfixiaban mi respiración. Comienzan a reptar y a volver por ese camino que tan solo ellas conocen, a ese lugar enquistado en la memoria. Agua que primero enturbia, como una lluvia sobre el cristal, pero termina dejando una superficie nítida, pulida, que proyecta claridad.

Al compás de mi llanto, leve gusto a otoño en los labios. Unas gotas de nube resbalan por mis comisuras y justo ahí, se mezclan con lágrimas. Es como si se hubieran llamado en su propio idioma. Gotas hermanas que vuelven a encontrarse, ya que son agua al fin y al cabo. Quizá se alegran de estar juntas de nuevo.

Una vez, leí que una gota del líquido elemento puede tardar cientos, miles de años en completar el ciclo hasta que vuelve al mar. ¿Será verdad eso de que el agua tiene memoria? De ser cierto, cuántas historias se contarán entre ellas. No sólo llantos mundanos de tristeza o alegría, se describirán paisajes insólitos, ríos, cuevas subterráneas, arrecifes de coral, cataratas, mares en los que cualquier ojo se perdería, arcoíris pasando a través de ellas. Habrán resbalado sobre la piel de especies que ya no están, también sobre perros y gatos. Incluso, alguna contará que alguna vez ha viajado escondida entre las plumas de un pájaro para escapar del frío. Habrán saciado la sed de animales, plantas y habrán dado sus frutos. Cielos infinitos y caídas libres a suelos gobernados por distintas lenguas. Puede que entre ellas, exista la leyenda de una gota de agua que una vez cayó en ese lugar, donde no ha puesto el pie ningún hombre. Ese metro cuadrado que se resiste a la conquista.

Hay que ver todo lo que ha visto una lluvia de otoño, me digo  mientras cierro la ventana para que no se mojen mis zapatos.

El agua viene y va, como nuestras penas. Tal vez en ese ir y venir, a las penas se las lleva el agua y no el viento…