Ingravidez

La herida duele sin sangre,

Y la sangre se queda helada, acobardada, esperando a que el corazón vuelva a latir.

La sensación de ingravidez se rompe con la desfibrilación de una respiración profunda.

Y una lagrima reactiva resbala, llegando a la comisura de una sonrisa incipiente.

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