Adorable

Microrrelato presentado el dia 2 de febrero en el concurso de Relatos en Cadena, de Cadena Ser.

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca, tenía un doble fondo que tan solo ella conocía. Escondía ahí una carta, escrita por su madrastra, con letra temblorosa. La mujer intuía que estaba siendo envenenada y esa, era la causa de su larga y penosa enfermedad. Sin embargo, esa sospecha nunca llegó a su destinatario.
Aquella pobre mujer jamás pensó que pudiera ser tan peligroso jugar a tomar el té con unas muñecas.

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Todo tiene un final

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (12/01/17)

Para implorarle que vuelva casa, utiliza todas las artimañas que están a su alcance, incluso recordarle las joyas, sus abultadas cuentas bancarias y la colección de arte. Intenta retenerlo a su lado sin éxito, la sirena del coche patrulla se aproxima irremediablemente. Aunque está maniatada, la ha tratado bien, pero sobretodo ha sido la primera persona en mucho tiempo, con la que ha podido ser ella misma. Cuando los agentes derriban su puerta, se hace consciente con ese golpe, de que regresa la soledad. Así termina todo, el llanto llega junto con la policía.

Un trabajo como otro cualquiera

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (08/12/16)

El otro, hombre o mujer, siempre muerto. Al principio la sensación fue extraña, saber que el único que respiraba aquí era yo. Antes tenía la sensación de que me faltaba el aire, luego me acostumbre y ahora me siento como en casa. Disfruto descubriendo en cada rosto, en las manos, en la distribución de las arrugas, cicatrices… como fue vuestra vida. Dan más información de la que piensas. Sois como un libro para mi. ¿Sabes? Me caes bien, creo que eras buena persona. Me apetece enseñarte mi álbum. Mira, esta es Carmen, llegó antes que tú. Espera, que te incorporo un poco para que puedas verla.

Todo tiene un origen

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (01/12/16)
De un certero bocado, le arrebató el pincel. Quedó impresionado al ver como su compañero de clase causaba tal impacto sobre esa sencilla herramienta. Estaba maravillado al observar la impresión perfecta, que sobre la madera dejaron cada una de sus piezas dentales. Un instinto animal despertó en él durante su infancia, aparentemente inocente. Desde ese momento, comenzó a experimentar un placer indescriptible cada vez que mordía y saboreaba materiales nuevos. Se sentía poderoso permitiendo actuar a sus fuertes mandíbulas. Para él, ese incidente en la escuela, fue el que desató sus tendencias caníbales. Al menos, esa fue la explicación que le dio al juez para justificar su comportamiento.

El arte de mirar

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (17/11/16)
No era el mar pero se le parecía. Adoraba toda esa luminosidad reflejándose sobre la superficie ondulante. Le hipnotizaba esa sensación de vitalidad que transmitía.
Se sentó en el banco que había justo delante. Contempló la escena y memorizó cada pincelada. Luego cerró los ojos y se aisló del mundo, entrando en una especie de estado meditativo, en el que sintió el calor del sol y la brisa del mar revolviendo su pelo con salitre. Se sorprendió de que una imagen tan vaga pudiera componer algo tan nítido en su cerebro. Por un instante, pudo volver a su tierra natal y dejar atrás el frío de Berlín.

Mi punto de vista

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (03/11/16)

Sigo observando mi trocito de cielo. Cuatro años ya… hay que ver lo rápido que pasa el tiempo, incluso así.
Antes no me paraba a observar cómo cambia la tonalidad del cielo a lo largo del día y hoy es mi principal distracción. Envidio el mundo que hay detrás del cristal. Incluso, siento rabia al escuchar que la vida, con todo su bullicio continuaba mas allá de mi habitación. No vivo, sobrevivo en una cárcel de piel y hueso, sin barrotes y con una ventana abierta.
Ya se acercan sus pasos por el pasillo, mi ángel salvador, por fin.

Consecuencias inesperadas

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (06/10/16)

Poco antes de que los domingos fueran amargos y de que Beethoven tuviera tonalidades azules, conducía por la autovía de camino a casa. Lo único en que pensaba era en dormir y en el olor a suavizante de las sabanas recién puestas. Es extraño, pero no recuerdo nada mas hasta que desperté en el hospital. Empecé a tener sensaciones raras, la boca me sabía amarga los domingos, salada los lunes, sin comer nada… La voz de mi madre empezó a ser cálida, naranja y amarilla, para ser mas exactos. Tras un sinfín de pruebas, mi diagnóstico: Sinestesia. Tuve que acostumbrarme a sentir de forma distinta.

Blanco sobre blanco

Microrrelato presentado al concurso de Cadena Ser: X Edición de relatos en cadena. (22/09/16)
Y le manchaba los dedos de harina al entregarle el paquete. Era lo que más rabia le daba. No podía soportar ese tacto fino y reseco sobre su piel. Se limpiaba compulsivamente la mano en la tela de su pantalón, le repugnaba. Lo mismo todos los días.

Le decían que estaba todo limpio, pero era mentira. Todo allí era de color blanco para disimular ese desagradable polvo acumulado en cada centímetro del edificio. Ellos ya se habían acostumbrado, por eso no lo notaban.

– Vamos Sara, tranquila. Siéntate aquí, junto a la ventana. Por favor no lo tires y tómatelo, sabes que te sienta bien.

Bandera blanca

Este es el primer microrrelato con el que participo en el concurso Relatos en Cadena que organiza Cadena Ser.

Si consigo adquirir habito de escritura, cada semana tendreis una entrada nueva en el blog, correnpondiente al relato de esa semana para el concurso.

Espero que os guste, o al menos os entretenga:

El lápiz con que ella, cada mañana, se lo dibujaba estaba partido en dos y requisado en un cajón de su escritorio.

Cada día, al llegar al trabajo, sabía que le esperaba un folio con una esvástica dibujada a lápiz. Alguien parecía divertirse con ese ritual de verlo rasgar el papel y tirarlo a la basura, como si le quemara en la mano.

Un martes, a la hora del café, reunió a sus compañeros:  “Tenía 12 años cuando llegué al campo de Mauthausen…”

Tras escucharle, una chica se dirigió a su mesa. Sin decirle nada, rompió el lápiz y se lo entregó, sin dejar de mirarle fijamente a los ojos.

Agua

Ya llevaba mucho tiempo sin poner nada por aquí, creo que ya era hora de retomar un poquito esto de las letras. Espero que os guste o al menos os entretenga:

 AGUA

Inhalo fuerte, por la boca bien abierta, y el frío parece cristalizar mi garganta. No es culpa del tiempo, mis cuerdas vocales estaban ya paralizadas por ovillos de cosas que no se han dicho. Son nudos que aprietan fuerte y se retuercen por la rabia de no poder salir. Son como serpientes, muchas veces venenosas, que te pican por dentro y si no encuentras el antídoto, pueden estar envenenándote durante mucho tiempo.

De pronto, la bruma de agua que compone mis lágrimas empieza a caer sobre mis mejillas y mi garganta, aturdiendo a esos seres venenosos que antes asfixiaban mi respiración. Comienzan a reptar y a volver por ese camino que tan solo ellas conocen, a ese lugar enquistado en la memoria. Agua que primero enturbia, como una lluvia sobre el cristal, pero termina dejando una superficie nítida, pulida, que proyecta claridad.

Al compás de mi llanto, leve gusto a otoño en los labios. Unas gotas de nube resbalan por mis comisuras y justo ahí, se mezclan con lágrimas. Es como si se hubieran llamado en su propio idioma. Gotas hermanas que vuelven a encontrarse, ya que son agua al fin y al cabo. Quizá se alegran de estar juntas de nuevo.

Una vez, leí que una gota del líquido elemento puede tardar cientos, miles de años en completar el ciclo hasta que vuelve al mar. ¿Será verdad eso de que el agua tiene memoria? De ser cierto, cuántas historias se contarán entre ellas. No sólo llantos mundanos de tristeza o alegría, se describirán paisajes insólitos, ríos, cuevas subterráneas, arrecifes de coral, cataratas, mares en los que cualquier ojo se perdería, arcoíris pasando a través de ellas. Habrán resbalado sobre la piel de especies que ya no están, también sobre perros y gatos. Incluso, alguna contará que alguna vez ha viajado escondida entre las plumas de un pájaro para escapar del frío. Habrán saciado la sed de animales, plantas y habrán dado sus frutos. Cielos infinitos y caídas libres a suelos gobernados por distintas lenguas. Puede que entre ellas, exista la leyenda de una gota de agua que una vez cayó en ese lugar, donde no ha puesto el pie ningún hombre. Ese metro cuadrado que se resiste a la conquista.

Hay que ver todo lo que ha visto una lluvia de otoño, me digo  mientras cierro la ventana para que no se mojen mis zapatos.

El agua viene y va, como nuestras penas. Tal vez en ese ir y venir, a las penas se las lleva el agua y no el viento…